-       Una apasionante y memorable aventura velera
 

Edmundo González Robles
Almirante
Comandante en Jefe de la Armada

NUESTRO CRUCE DEL CABO DE HORNOS AL MANDO DEL B.E. “ESMERALDA”: UNA APASIONANTE Y MEMORABLE AVENTURA VELERA.

Introducción
El año 2000, particularmente no fue un año cualquiera, al menos para aquellos que conformamos la dotación del Buque Escuela “Esmeralda”. En efecto, nos correspondió integrar un selecto grupo de marinos chilenos que le cupo representar al país y a nuestra gloriosa Marina en el extranjero, tanto en la mar como en tierra, justamente en las magnas celebraciones correspondientes al cambio de milenio- acontecimiento mediático de clase mundial- y junto con ello, cumplir con la misión encomendada por la superioridad naval y el compromiso legado por nuestros antecesores, de estar a la estatura de las circunstancias, toda vez que nuestro Velero en esa oportunidad era el segundo más grande en tamaño del mundo presente (sólo nos sobrepasaba el “Krusenshtern”, de Rusia); el más imponente por su particular aparejo y, el más representativo en lo que a tradición, marinería, amantillamiento y disciplina se refiere, por lo que el desafío no era menor. Sin embargo, no fuimos la excepción y los resultados, en definitiva, demostraron que fuimos los mejores, y no sólo en tirar la cuerda y nudos, que era lo que más queríamos, sino que también los más destacados por la prensa ese año, en cada una de las actividades donde participamos, junto a otros 54 Tall Ships, especialmente en el marco de la “Op-Sail 2000”, el evento velero de mayor significación, concurrencia y espectacularidad, realizado a nivel mundial a la fecha.

Lo anterior lo manifiesto con gran responsabilidad, orgullo y satisfacción, en mi calidad de Comandante del B.E. “Esmeralda”; el año 2000, al mando de 332 entusiastas hombres de mar, integrados por 22 Oficiales y 150 Gente de Mar de dotación, 11 Oficiales invitados (3 Institucionales y 8 Extranjeros), 77 Guardiamarinas y 72 Grumetes, a todos quienes tuve el privilegio y el honor de conducir en uno de los años más lindos de mi carrera naval.

EL ENTONCES CN SR. EDMUNDO GONZÁLEZ ROBLES, COMANDANTE DEL B.E. "ESMERALDA", VISTIENDO SU UNIFORME A LA USANZA ANTIGUA Y CON LA BARBA DE 28 DÍAS.

No me cabe la menor duda, que gracias a la bondad de la Divina Providencia, a la planificación rigurosa de cada actividad y al olfato marinero que otorga la experiencia, no tuvimos que lamentar ningún acaecimiento que enlodara el trabajo de un equipo tremendamente consolidado y afiatado, en cada una de las singladuras y 14 puertos visitados. A modo de anécdota de este positivo balance, me permito traer a colación un hecho que involucra a mi 2º Comandante, el CF Sr. Piero Fagandini, el cual aunque sencillo en su forma, resume con elocuencia toda mi gestión de mando frente al desafío impuesto desde un comienzo y que transmití en mi doctrina a toda la dotación: "Buque eficiente y feliz, y en ese orden de prioridad". La anécdota reza así: Cuando recalamos a Valparaíso, al término del Crucero, y habiendo ya pasado la espía uno al molo de abrigo, mi Segundo me entregó un papelito doblado en cuatro, que decía: “Mi Comandante: 14 – 0. Ganó Local”.

Valorando este escueto, pero a la vez profundo significado de este resultado al finalizar el Crucero, luego de haber visitado y sorteado con éxito los 14 puertos, donde alguna de las 332 almas bajo mi responsabilidad podría haber complicado lo que nos tocó vivir, pero que afortunadamente aquello no ocurrió, decidí conservar su impresión dentro de mi cofre del gallardete de mando, como testimonio presencial de la victoria lograda por toda mi dotación a la adversidad.

Valga esta pequeña introducción, para contextualizar nuestro Cruce por el Cabo de Hornos -voluntarioso desafío, autoimpuesto, fuera del Itinerario previsto- ya que, tal como reza el título escogido para la ocasión, constituiría otra apasionante y memorable aventura velera, que vendría a culminar el cúmulo de enriquecedoras experiencias marineras adquiridas a la fecha, faltando poco para finalizar nuestro XLV Crucero de Instrucción. Cruce del Cabo de Hornos.

Habíamos adquirido mucha destreza en las innumerables maniobras generales efectuadas, debido a nuestra participación en primera línea de la “Op-Sail 2000”. Incluso habíamos logrado virar por avante, a toda vela, sin dar atrás, hecho que nuestros Contramaestres y Capitanes de Alto más antiguos celebraban, ya que es una maniobra poco usual por lo difícil de lograrla y no se había visto hacerla en muchos años.

Teníamos mucha confianza, como equipo, de lo que éramos capaces de hacer con el aparejo, siempre actuando en el lado seguro. Además, confeccionamos una tabla muy eficaz para cargar el aparejo conforme a las condiciones de viento reinantes, empleando los anemómetros de los alerones del Puente que habíamos instalado en las últimas reparaciones en Talcahuano. Todo aquello nos motivaba aún más a no desechar esta oportunidad tan esperada de cruzar el Cabo de Hornos a la vela, con el propósito de poder transmitir esta extraordinaria experiencia vivencial a los jóvenes hombres de mar bajo mi mando.

Zarpamos el 9 de Octubre desde Buenos Aires, en demanda de Punta Arenas, para recalar oportunamente a este puerto el día 22. Si teníamos suerte en esta singladura, nuestra aventura marinera se podría cumplir perfectamente, desafiando las malas condiciones de mar y viento que normalmente reinan en el Mar de Drake.

Aquel martes 17 de Octubre del año 2000, tal como lo señala el Bitácora del B.E. "Esmeralda", la situación meteorológica para intentar cruzar el Cabo de Hornos no era la mejor. Hornos reportaba vientos del NW de hasta 40/50 nudos, mar muy gruesa a arbolada, altura de la ola 6 a 9 metros y como es lógico de razonar, ante estas condiciones, sería muy difícil cruzarlo, por lo que resolví, de mantenerse esta situación, que el Buque ingresaría a Puerto Williams, una vez que sobrepasáramos el Estrecho de Le- Maire. En ese momento, navegábamos con aparejo de capa por aquellas latitudes, esperando el momento propicio para ordenar "Maniobra General" para cazar más aparejo. La dotación, por su parte, observaba en detalle los parámetros meteorológicos y sacaba sus propias conclusiones en cuanto al pronóstico, muy optimistas a mi juicio para la realidad imperante en esos precisos instantes.

Recuerdo que estábamos en comunicación radial con un Pesquero Español que teníamos en pantalla de radar, que venía navegando de vuelta encontrada desde el Mar de Drake. Le pregunté personalmente a su Capitán la apreciación del área y me señaló, con un acentuado español: “¿Es que vienen bajando?”, a lo que contesté afirmativamente. Él, graciosamente, me respondió: “Coño, si puedes retromarcha, que esto está de la Pu..... Ma…..”. Los que íbamos en el Puente de Mando, aferrados a cualquier cosa, nos invadió la risa, pero también el temor y la pregunta de siempre, en estos casos, me invadió por completo: “¿No estaremos hue……?”.

Afortunadamente, por la tarde, el viento había amainado, aunque aún con una componente SW – W. También la ola había disminuido y de acuerdo a las condiciones y posición de los centros depresionarios, la única posibilidad de cruzar el Cabo sería al día siguiente, por la mañana, de tal manera de hacerlo en la condición más favorable, es decir, entre el paso de dos frentes consecutivos que se nos venían por la proa.

A contar de las 03:00 horas del día miércoles 18 de Octubre, el viento no soplaba más allá de los 10 nudos y la altura de la ola comenzó a disminuir bastante, por lo que el andar aumentó, reestimándose el cruce a contar de las 10:00 horas. El optimismo y la alegría de poder cruzar el Cabo de Hornos a la vela comenzó entonces a difundirse por todos los rincones del Buque, lo que se notó por la gran cantidad de miembros de la dotación que circulaban a tempranas horas por cubierta, inquietos y expectantes ante la orden, que más temprano que tarde, se materializaría.

A las 08:30 horas ordené cubrir Maniobra General, cuando ya se divisaba a escasas 12 millas el legendario Cabo de Hornos; las condiciones meteorológicas eran excepcionales, con viento del NW, de no más de 5 nudos y con una altura de la ola que no superaba el metro y medio. Aunque permanecía nublado y con bastante frío (bordeando los 3º C), todo indicaba que el cruce sería una realidad, lo mismo que la toma de fotografías que realizaría un avión naval, previamente coordinado con la Tercera Zona Naval, para incluirlas en la portada del nuevo Libro del B.E. “Esmeralda” que estábamos preparando.

Como es de comprender, una vez más la Virgen del Carmen, que me ha acompañado en todos mis mandos a flote, y cuya imagen he mantenido siempre en mi camarote -un tanto gastada de tanto agradecerle- nos tendería nuevamente su tierna y generosa mano para lograr lo que nos habíamos propuesto. A las 09:00 horas, ordené al 2º Comandante cazar todo el aparejo clásico, compuesto por sus 21 velas y junto con ello, paré las máquinas. Cabe destacar que nos demoramos solamente 7 minutos en estar dando avante con el velamen, registrándose una velocidad de 3,5 nudos en la corredera del alerón de babor. Es en estas circunstancias, como comenzamos a navegar a vela con RV 270º, con el propósito de pasar a 1,5 MN al Sur del Cabo de Hornos.

Es así como a las 09:34, el Buque cruzó el meridiano del Cabo de Hornos con Rumbo General 270º, en Latitud 56º 00,4 Sur y Longitud 067º 13,4 Weste, con viento del NW de 3 nudos, una Presión de 979 milibares, con tendencia bajando y con una temperatura ambiente de 3º C.

Afortunadamente, el Avión Naval de la Tercera Zona Naval, pese al bajo techo en el área y cielos poco favorables para las imágenes, logró llegar a tiempo hasta nuestra posición y sobrevolar alrededor de 10 veces la "Esmeralda", lo que nos permitió contar posteriormente con unas elocuentes fotografías de nuestra humilde hazaña, como se muestra en esta imagen.

EL B.E. "ESMERALDA" CRUZANDO EL CABO DE HORNOS
EL 18 DE OCTUBRE DEL AÑO 2000

A las 11:00 horas, ordené al 2º Comandante cargar todo el aparejo y ajustamos 140 RPM´s, para dirigirnos solamente con motor en demanda de un Punto de RDV con el PSG “Micalvi”, al mando del entonces CC Sr. Arturo Undurraga Díaz, con el objeto de recibir de éste una cartografía Reservada y así poder navegar el Canal Franklin, para acortar los tiempos de navegación que nos separaban de Puerto Williams. En efecto, esta pasada por el Cabo de Hornos nos había atrasado respecto a nuestro itinerario original y ahora debíamos recuperar el tiempo invertido en el Drake, que como se imaginarán, bien valió la pena.

El jueves 19 de Octubre, a las 08:00 horas, el Buque inició la navegación por el Paso Mackinlay, ajustando un andar convenientemente para pasar por Puerto Williams exactamente a las 10:00 horas, según lo planificado. A las 08:30 horas, a la Lista de Víveres, se dio lectura a un discurso alusivo en conmemoración del Día de la Especialidad de Maniobras, que lógicamente y en forma natural, fue recargado de rebosantes adjetivos, todos ellos alusivos a la contribución de nuestros especialistas de la dotación y a la meta recientemente lograda. Posteriormente, se ordenó “Repetido General”, con el propósito de que la Dotación cubriera sus puestos para rendir los honores de cañón a la Plaza de Puerto Williams.

Así llegamos a las 09:35 horas, momento en el cual la “Esmeralda” efectúa su aproximación a la Bahía de Puerto Williams, colocando medio empavesado y también por expresa orden mía, las banderas y enseñas obtenidas en la “Op-Sail 2000”. La verdad es que queríamos difundir y compartir, de alguna manera, nuestro orgullo de haber participado en algo grandioso, inédito y difícil de describir a aquellos que no lo han vivido.

Mientras disparábamos los 21 cañonazos frente a Puerto Williams, en honor al primer puerto nacional al que arribáramos, de regreso de nuestro XLV Crucero de Instrucción, recordaba como habíamos virado tan marineramente por avante en el interior del saco del Río Hudson, en New York, aquel 4 de Julio del año 2000, con todo el aparejo cazado (situación que sólo algunos Capitanes de Tall Ships se atrevieron a hacerlo), mientras trasluchábamos la botavara del mesana (para caer más cerrados) y encabezábamos el desfile de veleros y a otras 300 Unidades Navales de diferentes tipos y naciones, frente al Presidente de los EE.UU., Bill Clinton, embarcado en el Portaaviones USS John F. Kennedy (CVN-79), justamente el día del Aniversario Patrio de la primera potencia del mundo. Allí estábamos los marinos de Chile, en primera línea, orgullosos y a la estatura, tal como se nos ordenó: emocionante e indescriptible. Esta imagen captada del B.E. “Esmeralda”, frente a la Estatua de la Libertad, recorrió el mundo entero y la adjunto a este ensayo para compartirla con ustedes.

Durante la navegación frente a Puerto Williams, fuimos escoltados por la Lancha Misilera “Casma”, al mando del entonces CF Sr. Felipe Ojeda Simmons, y recibimos los saludos del Comandante del Distrito Naval Beagle Subrogante, el cual se encontraba embarcado en una Lancha del tipo LSG.

A eso de las 10:00 horas, dejábamos al través Punta Gusano, trincando los Puestos de Repetido General, en un marco en que no estuvo exenta la emoción, después de haber navegado y compartido con nuestros compatriotas.

Finalmente, a las 12:00 horas el Buque ya navegaba con Ushuaia a la cuadra, con un tiempo meteorológico de regular a malo, con precipitaciones de agua nieve y vientos de hasta 30 nudos que se dejaron sentir en el Canal Beagle, con una temperatura de 5º C y Presión Atmosférica de 996 milibares, con tendencia bajando. Es así, como estimamos que nuestro arribo a Bahía Morris podría ser adelantado para el día viernes 20, a las 15:00 horas.

Habíamos cruzado el Cabo de Hornos en el momento preciso. El segundo frente que habíamos ploteado el día 17, ya lo teníamos más que encima, acompañándonos hasta nuestro fondeadero planificado para amantillar y pintar el buque: Bahía Morris.

Atrás quedó el imborrable recuerdo del Cruce de la “Esmeralda” por el Cabo de Hornos, con todo nuestro velamen desplegado en una de las aguas australes de Chile más complicadas, por sus inusitados cambios meteorológicos y por la violencia de los temporales que en ocasiones azotan, con más de 100 nudos, sobre el histórico Faro del Cabo de Hornos.

Pero así es el mar en esas latitudes. El mar es quien evalúa y otorga con silente mandato a los navegantes de los veleros la oportunidad para cruzar el mítico Cabo de Hornos, sólo una vez que las tripulaciones se encuentren preparadas y listas para enfrentar ese magno desafío velero.



EL B.E. "ESMERALDA"
NAVEGANDO EL 4 DE JULIO DEL AÑO 2000,
POR EL RÍO HUDSON, EN NEW YORK,
DURANTE LA “SAIL PARADE”,
CORRESPONDIENTE A LA “OP-SAIL 2000”
PARTE DE LA PORTADA DE PRENSA ESCRITA QUE NOS ENORGULLECIÓ