Naufragio en el Cabo de Hornos
 

Hugo ALSINA Calderón - Capitán de Navío
Cofrade Activo de la Sección Chilena

Faro MonumentalEl Cabo de Hornos es un lugar de renombre mundial y muy conocido por los marinos a causa de sus temidos y fuertes temporales. El año 1978 fue necesario instalar una pequeña guarnición naval para evitar sorpresas en este verdadero Faro del Fin del Mundo, parodiando a Julio Verne.

En medio del Océano Pacífico se divisa un pequeño punto, insignificante. Es el yate de un solitario navegante francés que se aproxima al tenebroso Cabo de Hornos, donde espera llegar a la mañana del día siguiente. Al atardecer pone el timón de viento bien regulado y se retira a descansar. Al otro día debería estar bien despierto para cruzar y ver el tan esperado Cabo. Sin embargo, el viento y la corriente fueron más fuertes que lo previsto y el frágil yate navegó mucho más rápido, desviándose, además, un poco al norte.

Alrededor de las 4 de la mañana, el navegante francés es despertado por un terrible estruendo y gran agitación. Toma su pequeño maletín impermeable donde guarda sus documentos y dinero, sale a cubierta y se da cuenta que su embarcación ha chocado con las rompientes de una costa que no puede ser otra que del Cabo de Hornos. El yate se destroza. Se lanza al mar y nada entre las rocas, a oscuras, logrando con gran fortuna, llegar a tierra vivo y sin grandes golpes. Mira a su alrededor hasta que logra divisar un destello. Considera que es su salvación, pues se trata nada menos que del Faro del Cabo de Hornos. Con gran esfuerzo sube por un escarpado acantilado y por fin llega al tan anhelado faro. Gran desilusión, el faro es automático, no hay personal ni casas en las cercanías.

El frío es paralizante, más aún con la ropa y zapatos mojados. El viento hace bajar más la temperatura del cuerpo. Se sienta a sotavento de la estructura del faro y se lamenta de su suerte. Pero la providencia divina no lo abandonó. Más tranquilo y con la visión mejor acomodada a la oscuridad, pudo divisar a la distancia una tenue luz. Decidió encaminarse en esa dirección y a los pocos pasos, a pesar de la oscuridad, pudo encontrar un sendero. Lo siguió y tras caminar un largo rato, llegó por fin a una casa donde había luz. Golpeó a la puerta con fuerza pidiendo auxilio.

Capilla Stella Maris.jpgLa reacción dentro de la casa fue tremenda. Los infantes de marina de la guarnición saltaron de las camas y tomaron sus armas, los vigías apagaron la tenue luz y observaron por la pequeña ventana. Al fin se abrió la puerta y apareció un pobre náufrago, muerto de frío y más asustado que nadie. Se encendieron las luces, se preparó un reconfortante café con "chica" (ración naval de aguardiente), un baño tibio, fricciones fuertes con toallas secas y a la cama con varias frazadas. El navegante francés se recuperó rápido. Los infantes de marina también se recuperaron del susto, pues creyeron que eran los "amigos de siempre" que los venían a visitar. El yate se perdió totalmente. Un patrullero naval fue a buscar al náufrago y llegaron los consabidos agradecimientos del Gobierno y de la Marina Francesa por el apoyo prestado al súbdito de ese país.

Así se ejerce la soberanía y la presencia chilena en los lugares más inhóspitos del país. Además se comprobó otra utilidad de los faros para convencer a los incrédulos.