Testimonio de Fitz Roy
 

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Sin embargo, se esforzó con tal celo y entusiasmo que pronto se ganó la leal cooperación de Skyring y levantó el espíritu de su desmoralizada tripulación (desde niños de 14 años hasta marinos experimentados).

Es importante destacar la enorme fuerza de voluntad, entereza, profesionalismo, salud y condiciones físicas de Oficiales y tripulantes, para soportar durante más de tres años los rigores en esta zona austral, a la que llamaron "hórridas latitudes".

Esta denominación es muy comprensible si consideramos que menos de un tercio de la dotación inicial completó la comisión, debiendo el resto ser relevado por muerte o incapacidad para seguir a bordo, tanto por enfermedades como por accidentes.

Pese a que en la BEAGLE Fitz-Roy había logrado una alta motivación y era querido y admirado por sus subordinados, que apreciaban su bondad y preparación profesional, el largo período alejados de sus hogares, las dificultades, la falta de comodidades y las limitaciones logísticas y de espacio dificultaban la mantención de la disciplina. Darwin, que navegó a bordo durante los últimos cinco años, menciona que el Capitán debió repartir en ese período no menos de seiscientos azotes entre sus tripulantes.

Comparado con nuestra época no puedo dejar de recordar los trabajos hidrográficos realizados con el AP PILOTO PARDO al sur del Estrecho de Magallanes los años 1975 y 1976, en que participé como piloto de helicóptero y Oficial de Servicio General a bordo.

A menudo, cerca de los vértices que instalábamos con las aeronaves en lugares elevados, encontrábamos los monolitos de piedra tipo pircas que dejaron los ingleses. Muchos de ellos estaban a mayor altura que los nuestros. No he olvidado las situaciones de riesgo, cansancio, frío, enfermedades y problemas que se debió afrontar en el PILOTO PARDO, teniendo los familiares en Valparaíso y como puerto base Punta Arenas.

Sin embargo, teníamos comunicaciones radiales, noticias diarias, bastante espacio, entretenciones, calefacción, agua caliente, comida variada, buena ropa de abrigo, helicópteros, embarcaciones motorizadas y equipos modernos de sondeo y medición de distancias. Lo que es más importante, un buque con máquinas seguras, con radar, ecosonda, girocompás y buena cartografía base. Así y todo, no recuerdo haber pasado más de un mes sin haber recalado en nuestro puerto base.

Comparativamente, la BEAGLE no tenía una gran diferencia, en la cantidad de tripulantes, con el PILOTO PARDO, que eran 62 y 81, respectivamente.

Pero mientras el PILOTO PARDO desplaza 2.400 toneladas, 82 metros de eslora, cámaras, camarotes y entrepuentes amplios, la BEAGLE sólo desplazaba 235 toneladas, 27 metros de eslora y el pequeño espacio disponible era ocupado en parte por los equipos y pertrechos.

Hecha esta comparación y agregando que en aquella época no había un puerto cercano al cual concurrir o solicitar ayuda ante situaciones de emergencia o accidentes, muchos de ellos fatales, se podrá comprender la enorme responsabilidad que recaía en el Capitán y la presión sicológica que esto significaba durante un largo período.

Durante su expedición, el Capitán Fitz-Roy consideró conveniente dejar "testimonios" de ella en algunos lugares de importancia, los que consistían en monedas, botones y otros objetos de uso común en la época, dentro de un recipiente convenientemente acondicionado. El lugar normalmente era indicado con un monolito.

Esto es lo que yo había logrado investigar al respecto, incluso la lectura del diario de Darwin, pero nada sobre la primera etapa de la comisión, casi desconocida, porque no recibió la publicidad que inspiró el joven y célebre naturalista.

Por este motivo, en conocimiento del descubrimiento en 1981 de un testimonio en la isla Skyring, en el área del Brecknock, por un helicóptero del PILOTO PARDO, parecía como lógico que hubiera algo similar en el Cabo de Hornos, lugar bastante más destacado de la geografía. El Almirante Sr. Pedro Anguita Izquierdo confirmó esta posibilidad durante su visita al Distrito Naval Beagle a fines de 1989.

Días después, aprovechando un vuelo en helicóptero al Puesto de Vigías y Señales (PVS) HORNOS para verificar los avances de la construcción del "Monumento al Marino Desconocido", efectué un minucioso reconocimiento de toda la isla Hornos, no encontrando ningún monolito o señal visible.

Tomando una taza de café en el PVS y suponiéndome en el lugar de Fitz-Roy, deduje que de haber dejado algo para la posteridad debía estar en un lugar en que alguien lo pudiera encontrar a futuro. Luego, tenía que ser un lugar especial o único. Solamente hay un lugar que reúne estas características en la isla y ese es la cumbre más alta.

Le pedí al Oficial Ingeniero, Teniente 1º Sr. Eduardo Troncoso Unwin, que me acompañara y juntos despegamos en helicóptero llevando una picota y una pala. Aterrizamos en un pequeño espacio en la cumbre de aproximadamente 500 metros de altura, aprovechando el excelente tiempo reinante.

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