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ROBERTO BENAVENTE MERCADO La llegada del mayor trasatlántico del mundo a Valparaíso el 08 de Febrero del 2006 fue un acontecimiento memorable ya que, además de ser la primera recalada de este coloso de los mares de 345 metros de eslora y 151.400 toneladas de desplazamiento, desembarcaba alrededor de 2000 pasajeros y embarcaba otros tantos con destino a puertos del norte de Sudamérica y Estados Unidos de América.
Entre los pasajeros venía mi amigo François VECCIONACCE, antiguo Cap-Hornier francés, cuya Cofradía está hoy en receso, acompañado del Doctor Alec Honey, desconocido para mí, quien se comunicó por E-mail conmigo desde Europa con más de un mes de anticipación informando acerca del viaje que estas dos personas harían desde Río de Janeiro a Valparaíso por la ruta del Cabo de Hornos, expresando, además, su deseo de que nos encontráramos durante su breve paso por Valparaíso. Entretanto hubo intercambio de varios mensajes y no dejó de llamarme la atención que el remitente – Alec Honey – redactaba en perfecto inglés, algo poco habitual en los franceses, que generalmente son reticentes a emplear la lengua de Shakespeare. Por otra parte, yo recordaba que mi amigo VECCIONACCE no hablaba absolutamente nada de inglés ni español, sólo francés. La llegada del “QUEEN MARY 2” al amanecer del día previsto, exigió madrugar a numerosos curiosos de Valparaíso para observar desde los cerros la llegada del imponente trasatlántico y a mí también me obligó a levantarme de alba para encontrarme con mis amigos a primera hora en el Terminal Pacífico Sur, ya que – de acuerdo a lo informado previamente – ellos seguirían viaje a Santiago inmediatamente para tomar el vuelo AIR FRANCE de esa noche con destino a París. El encuentro se produjo alrededor de las 09.00 horas, reafirmando mi amistad con François con un afectuoso abrazo, presentándome a su compañero de viaje, el Doctor Alec Honey. Allí se produjo mi primera sorpresa, al percatarme que el doctor Honey no era médico, como yo creía, sino Doctor en Letras y en Literatura, lo que me resultó aclaratorio para explicarme que sin duda se trataba de un francés culto que dominaba el inglés, quien fue, a partir de ese momento, el intérprete de nuestras conversaciones.
Después de ubicar un hotel adecuado para mis distinguidos huéspedes, les di un tiempo de descanso y en la tarde fuimos a visitar el Museo, visita que culminó con la entrega al Director del establecimiento de un plato de fina porcelana para la Sala Cap-Horniers con la silueta del FRANCIA II, el velero más grande construido en el mundo, con 127,65 metros de eslora, cinco mástiles y hermosas líneas, construido en Bourdeaux, Francia en 1912, que se perdió lamentablemente en un arrecife de coral en Nueva Caledonia en 1921. El resto de la tarde lo dedicamos a visitar la estupenda pinacoteca del Club Naval de Valparaíso y a tomar una taza de té en el mismo recinto, donde Alec me preguntó reiteradamente sobre el nuevo Estatuto de la Cofradía chilena - que permite ahora el ingreso de extranjeros - sus objetivos y los requisitos para incorporarse a ella como miembros Activos – si han pasado el meridiano del Cabo de Hornos AL MANDO de una nave - o como Colaboradores, si sólo simpatizan con los fines de la Corporación. De regreso al hotel pensé que sería una buena idea invitarlos a conocer el Club Naval de Campo a probar el tradicional pisco sour chileno antes de despedirnos, ya que su viaje a Santiago estaba programado para el día siguiente en la mañana.
El Dr. Honey transmitía mis explicaciones a François en francés, interpretando fiel y completamente lo que yo le había explicado en inglés. Al finalizar el segundo pisco sour vino la tercera sorpresa. Alec se puso de pie y muy seria y ceremoniosamente me dijo:
Fue entonces cuando “me cerró el cuadro”. Con razón este supuesto francés hablaba tan buen inglés… Antes de despedirnos, - y cuando el QUEEN MARY 2 zarpaba de Valparaíso a su nuevo destino - Alec se quitó la corbata azul con pequeños albatros y veleros – emblema de la Cofradía inglesa - y me la entregó como recuerdo de su visita a Chile. Los nuevos Cap-Horniers cancelaron su cuota de incorporación y yo que - sin querer queriendo - había previsto que algo así podría suceder, coloqué en sus solapas las insignias de la Cofradía chilena: el símbolo del albatros bajo la constelación de la Cruz del Sur Valparaíso, Marzo del 2006. |