Este relato corresponde a una
serie de artículos de contenido náutico que la Cofradía de los
Capitanes del Cabo de Hornos de Chile, puso en conocimiento de la
comunidad durante el período previo a la realización del 56° Congreso
Mundial de los “CAP HORNIERS”, que se realizó en nuestro país del 29 de
octubre al 7 de noviembre del 2001.
El artículo está relatado en el libro “Windjammer
Auf Grosser Fahrt”, (Veleros en viajes largos), del Capitán
Fritz Brustat Naval, Cap Hornier alemán, publicado por la
editorial W. Fisher de Göttingen, Alemania, y fue preparado por la Sra.
Edith MEHRCKENS M., quien navegó con su padre, el Capitán de Alta Mar
Sr. Henry MEHRCKENS M., por la ruta del Cabo de Hornos en barcos a vela.
Por esa razón, ella pertenece a la Cofradía chilena como
Cape-Pigeon, es decir, Paloma del Cabo.
En 1916, en plena I Guerra Mundial, se presentó en la
firma Glütschow y Piza en Valparaíso un extraño señor. Su visita tenía por objeto la compra de la pequeña barca
“TINTO”, fondeada en el sur, en Calbuco.
La barca era de madera y vieja, de 41,7 m.
de eslora, de 7,9 m. de manga y de 5,5 m. de puntal y podía cargar
unas 700 toneladas, si es que las recibía.
Había sido construida en Liverpool en 1852 y a la sazón tenía 64
años. En 1878 había pasado
por última vez el Cabo de Hornos. Se
hallaba en pésimas condiciones: el
casco hacía agua, la broma corroía la madera y el velamen estaba en muy
mal estado.
Los armadores no lo pensaron mucho y la vendieron a un
precio irrisorio, pues esta barca se podría en el puerto y sólo
ocasionaba gastos. Ni
preguntaron qué fin le iban a dar.
Los puertos chilenos eran muy vigilados, ya que muchos
barcos alemanes estaban internados en ellos.
Chile era un país neutral y pensaba seguir siéndolo.
En Coronel, la Escuadra del Almirante von SPEE había ganado la
batalla naval a los ingleses, y éstos aniquilaron a los alemanes en las
islas Falkland (Malvinas). Pero
la “TINTO” era un viejo velero chileno.
Un buen día desapareció la “TINTO”, sin que se
supiera dónde estaba. Cuando
cundió la noticia, ésta ya navegaba rumbo al Cabo de Hornos.
Iba tripulada por 27 jóvenes marinos alemanes, internados en Chile
que, por estar hastiados por la inactividad, querían tratar de volver a
su patria. En parte provenían
del velero buque-escuela
“HERZOGIN CECILIE”. Su
Capitán, Karl Richarz, de 29 años, había sido oficial de reserva del
crucero “DRESDEN”, que fue hundido en Juan Fernández.
El fue uno de los sobrevivientes.
Ellos idearon el plan de fuga en esa viejísima barca, que sólo
estaba autorizada para viajes por la costa y con cargamentos de madera
para que, en caso de que se hundiera, flotara por el cargamento.
¡Fue una verdadera odisea!
Soportaron fuertes temporales y grandes calmas.
Lograron pasar por el temido Cabo de Hornos, pero en el Atlántico
un temporal le llevó parte del palo mesana y varias velas.
Con gran ingenio repararon lo más indispensable.
Para ellos el receptor de radio fue importantísimo.
Semanas y meses pasaron sin ver otra cosa que el
horizonte y un crucero inglés que, tal vez por su insignificante tamaño,
no les dio ninguna importancia. Para
no caer en manos del enemigo tuvieron que dar una enorme vuelta por el
norte de Inglaterra para evitar el peligroso Canal de la Mancha (Dover). Después de 4 meses llegaron a las islas Shetland, al norte
de Escocia, y ahora sí corrían gran peligro.
Tuvieron 4 días de calma, en los que 5 vapores los sobrepasaron.
Además, nadie en el mundo hubiese creído que habían hecho un
largo y peligroso viaje.
La meta era una ensenada en Alemania, pero la
“TINTO” ya no daba más, hacía agua como una esponja, y parecía
desintegrarse. Por lo tanto,
el Capitán decidió dirigirse a Drontheim en la neutral Noruega.
Un oficial de un barco vigía noruego se apiadó de ellos y los
llevó a puerto. El viaje de
la “TINTO” fue de 126 días.
En
Noruega el buque fue rematado y desguazado a beneficio de la Cruz Roja.
La tripulación se presentó ante las autoridades militares en
Alemania, finalizando así un viaje increíble.
Lamentablemente, estos jóvenes llegaron a un mundo empeñado en
destruirse a sí mismo y a otros
también.