Contralmirante Roberto BENAVENTE Mercado
"Con la
sola excepción de una mujer
joven y bella,
nada hay más
hermoso que un buque
navegando a la
vela"
INTRODUCCION
El relato que se narra a
continuación corresponde a la experiencia vivida a bordo de la fragata
Khersones, buque-escuela del Instituto Tecnológico Naviero de Kerch, Ucrania,
arrendado por la Agencia Marítima INMARIS PERESTROIKA SAILING de Hamburgo,
Alemania, para realizar el viaje de Europa a Sudamérica, incluyendo una
navegación por ruta oceánica desde Valparaíso a Buenos Aires, vía Cabo de
Hornos.
El Khersones, fue construido
en Gdansk, Polonia, en 1989, y es uno de los últimos de una serie de seis
buques gemelos que se mantienen como buques-escuelas, navegando con alrededor de
un centenar de pasajeros – llamados a bordo trainees – que financian los
viajes y permiten mantener los buques en servicio y a sus dotaciones con
trabajo.
El subscrito fue invitado a
participar en esta travesía en planificación del viaje al Cabo de Hornos, habiéndosele
solicitado, además, servir como Ministro de Fe, certificando oficialmente los
tramos que el buque hubiese navegado exclusivamente a la vela.
NAVEGACION
DE VALPARAISO AL CABO DE HORNOS
El viaje de Valparaíso a
Buenos Aires estaba programado considerando que la navegación desde Lat. 50° S
en el Pacífico, (altura del canal Trinidad), hasta Lat. 50° S en el Atlántico,
(altura del puerto de Santa Cruz), se haría exclusivamente a la vela, vía Cabo
de Hornos.
Con sus 108,60 mts. de eslora
máxima; 14 mts. de manga; 6,50 mts. de calado; una arboladura de 49,50 mts y
una superficie vélica de 2.770 mts2 en 26 velas (14 cuadras, 7 estayes, 4
foques y 1 cangreja) **, la fragata Khersones, al mando del capitán Mikhail
Sukhina, con una dotación de 42 tripulantes, 64 cadetes y 79 trainees, zarpó
de Valparaíso al atardecer del 17 de enero del año en 1997, dirigiéndose
hacia el WSW. en busca de vientos favorables, alcanzando hasta long. 80° W, a
unas 300 millas de la costa.
A la altura de Chiloé, el
buque debió enfrentar un severo mal tiempo, el que se repitió con mayor
violencia a través del Cabo Pilar, con vientos NW. fuerza 8 a 9 y mar muy
gruesa, experimentando balances de hasta 35°, con un período de apenas 8
segundos.
Al atardecer del 26 de enero
el Khersones navegaba al sur del archipiélago fueguino, rumbo al Atlántico,
con viento largo del NW., fuerza 7, y mar gruesa por la aleta de babor, a una
velocidad superior a 12 nudos.
Poco después del mediodía
habíamos avistado por la cuadra de babor las islas Ildefonso y había gran
expectación a bordo, pues se esperaba cruzar el meridiano del Cabo de Hornos
antes del anochecer austral.
La distancia a la costa
insular más cercana era algo superior a 10 millas. La típica y cambiante
visibilidad en esa área permitía divisar, de vez en cuando, los escarpados y
tenebrosos picachos de la isla Hoste. Pese a lo anterior, todos confiaban en que
seríamos lo suficientemente afortunados como para divisar el mítico Cabo de
Hornos, objetivo principal de esta etapa del viaje.
A las 18.30 hrs. se escuchó
por parlantes el anunció de: "¡Cabo de Hornos a la vista!", lo que
provocó la estampida de tripulantes, cadetes y pasajeros a las cubiertas
superiores, ya que el tráfico por la cubierta principal había sido
transitoriamente prohibido debido a la intensidad del oleaje, que barría la
cubierta manteniéndola mojada y resbalosa, a lo que se agregaban los violentos
balances del Khersones.
Una mejoría transitoria de la
visibilidad permitió aclarar que el elevado macizo que teníamos a la vista era
el Falso Cabo de Hornos, el mismo que en la época de los antiguos veleros había
provocado la pérdida de muchos de ellos al reconocer erróneamente la costa.
EL
CRUCE DEL CABO DE HORNOS
Aclarada la situación, se
iniciaron a bordo los preparativos para solemnizar el cruce, ya que – de
acuerdo a estadísticas disponibles – hacía a lo menos 40 años que un velero
de gran tamaño no intentaba navegar exclusivamente a la vela desde Lat. 50° S.
en el Pacífico hasta Lat.50° S. en el Atlántico y el Khersones lo estaba
cumpliendo desde el 24 de enero a las 08.00 hrs., cuando cruzó el primer
paralelo en Long. 78°07’ W.
Un oficial del buque izó en
el pico de mesana la bandera de Ucrania – una franja horizontal azul sobre
otra amarilla de las mismas dimensiones, que representan el azul del cielo y la
importante producción de trigo del país – mientras el subscrito izaba el
pabellón nacional y la bandera de la Cofradía de los Capitanes del Cabo de
Hornos de Chile en lo más alto del trinquete y el Capitán Uwe Koch –
representante de INMARIS – izaba la bandera de su compañía en una driza del
palo mayor.
Eran las 19.15 hrs. cuando,
entre la bruma que casi ocultaba la costa, apareció de pronto la imponente
silueta del Cabo de Hornos, iluminado aún por el sol de la tarde. Allí estaba,
"fuerte y claro", el objetivo principal de nuestro viaje. Lo estábamos
viendo – gracias a Dios – después de recorrer casi 1.600 millas para
admirar su impresionante grandeza.
Eran las 19.40 hrs cuando en
el puente se escuchó la llamada radial de un avión naval: - "Khersones,
Khersones : Este es naval 146. Me encuentro sobre las islas Wollaston. Indíque
su posición actual, rumbo y velocidad"-. La respuesta fue inmediata y
minutos más tarde el Comandante de la aeronave repostó: - "Estaremos
sobre el buque en 10 minutos más"-. El anuncio se cumplió exactamente y
el CASA 146 sobrevoló el velero desde todas las direcciones imaginables. A
bordo de la aeronave se había embarcado un equipo de filmación y fotografía
contratado por el buque. El vuelo había sido autorizado por la superioridad de
la Armada y dispuesto por el C.J.IIIa. Zona Naval, con asiento en Punta Arenas.
Media hora más tarde el
piloto de la aeronave informó que, habiendo dado término a su misión,
regresaba a su base. Al despedirnos le expresé los agradecimientos del
Khersones por la tarea cumplida, a lo que el piloto contestó: - "Somos
nosotros los que tenemos que agradecer a Uds. por el magnífico espectáculo que
hemos podido observar. El velero se ve realmente hermoso navegando a la vela con
todo su aparejo al viento".
La distancia al Cabo se
acortaba rápidamente y las cámaras fotográficas y filmadoras consumían
rollos y rollos. Fue en ese momento cuando sucedió lo increíble… Un arco
iris doble, cuyo extremo izquierdo iluminaba el Cabo por la amura de babor, se
extendía pasando casi sobre los mástiles hacia la amura de estribor del buque,
dejando al Khersones exactamente al centro…
Fue algo maravilloso … increíble…
irreal… algo que sólo la mano del Creador pudo disponer en ese preciso
instante.
La felicidad, la ventura y el
gozo de ver un espectáculo tan extraordinario, conmovió a todos a bordo,
impulsándolos – pese a la normal sobriedad europea – a abrazarse entre
ellos y no fueron pocos los que se emocionaron hasta las lágrimas.
No hubo quien no se tomara una
fotografía con el arco iris, cuya hermosa y nítida gama de colores iluminaba
el Cabo. El Capitán Koch, después de entregar su cámara a un pasajero para
que lo fotografiara con ese telón de fondo le insistía: - ¡Dispara…
dispara… dispara todo el rollo!… ¡Esto jamás volveremos a verlo…!
A las 21.09 hrs, con el sol aún
sobre el horizonte, un pitazo largo indicó que el buque estaba cruzando
exactamente el meridiano del Cabo de Hornos, cuya longitud es 67°16’W A
continuación, el Capitán de la nave pronunció por los parlantes un breve
discurso en su propio idioma, destacando la importancia de la misión cumplida,
terminado sus palabras con tres hurras por el Khersones, las que fueron coreadas
por su tripulación.
Inmediatamente después se
transmitió por los parlantes una antigua canción rusa del autor Vladimir
Vysotskiy que afirma que los veleros no desaparecerán jamás ni podrán ser
reemplazados por los buques a motor. La letra de la canción también les
recuerda a los jóvenes que cuando sean Capitanes no olviden que un día fueron
"marineros de veleros".
Terminada la música, la
sirena del buque emitió tres pitazos largos en memoria de los 10.000 marinos
muertos en 800 barcos perdidos en su lucha contra los elementos en el Cabo de
Hornos y en homenaje a los Cap Horniers de todo el mundo, guardándose
respetuosamente un minuto de silencio por los caídos, terminando lo cual se tocó
un pitazo corto para anunciar que los honores habían concluido.
La solemne ceremonia culminó
cuando el Capitán – acompañado por el representante de INMARIS y por quien
escribe estos recuerdos - lanzó al agua una hermosa corona de jarcia de manila,
hecha a bordo por un trainee y un grupo de cadetes, en cuya parte superior se
habían montado miniaturas de las banderas de Chile, de Ucrania y de Alemania.
Terminado el ceremonial, todos
los pasajeros – en su mayoría alemanes – se reunieron en la cubierta
superior para celebrar su propio ritual. La tradición germana establece que
todos los participantes deben iniciar la celebración brindando en el mismo vaso
y que el primer trago se lanza al agua, en homenaje a RASMUS, un espíritu de
leyenda del mar y del viento, en reconocimiento de los favores recibidos,
implorando brisas favorables y segura navegación, pero el segundo, tercero y
cuarto brindis con el famoso vodka Stolytchnaya fueron ingeridos sin
restricciones.
El médico de los pasajeros
bajó a su camarote a buscar una botella de "Proseco", un espumante
vino italiano que guardaba como "hueso de santo" para la ocasión, de
delicioso sabor, que compartimos amistosamente.
Nuestro rumbo cambió al NE.
Vimos claramente los destellos del Faro Monumental Cabo de Hornos y por radio
saludamos afectuosamente a los sacrificados fareros chilenos – centinelas de
nuestra soberanía en esa isla – y al personal del PVS Wollaston.
La noche, que recién se
iniciaba, invitaba a festejar, máxime cuando – ya alejados del Cabo – las
condiciones del tiempo amainaron y la marejada redujo la intensidad de los
balances.
El capitán Sukhina invitó al
capitán Koch y al subscrito a cenar en su cámara para revivir los
acontecimientos de un día inolvidable y a brindar con un vino chileno de la
mejor calidad por el éxito alcanzado en una jornada memorable.
En su delirante entusiasmo,
durante la celebración los trainees modificaron ligeramente una antigua y
popular melodía de los Cap Horniers alemanes, entonando con brío germano el
siguiente estribillo:
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Und
wir segeln unter’m
regenbogen durch ) se repite
tres veces
Und
wer weiss denn schon
es was doch Kap Hoorn! ) se
repite dos veces
Cuya traducción
sería:
"Y navegamos a la vela
a través del arco iris.
¡Y quién podría creer
que aquello sucedió en el
Cabo de Hornos!
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Esta y muchas otras canciones
marineras de la "vieja guardia" se escucharon a bordo hasta el
amanecer, cuando el Khersones – navegando a toda vela – enfilaba hacia el
Estrecho Le Maire.
EPÍLOGO
La navegación en el Atlántico
se vió demorada al ingresar a una zona de vientos débiles y variables entre la
isla De los Estados y las Falkland o Malvinas. A pesar de lo anterior, el buque
cruzó el paralelo 50° S. en el Atlántico el 30 de enero a las 04.30 hrs.,
después de navegar 1.084 millas, exclusivamente a la vela, a una velocidad
promedio de 7,7 nudos que, dadas las circunstancias, puede considerarse
excelente.
El buque recaló en Buenos
Aires el 5 de febrero a las 08.00 hrs., tal como estaba planificado.
En su calidad de Ministro de
Fe, el subscrito informó a las autoridades navales chilenas sobre la navegación
a vela del Pacífico al Atlántico. Esta meritoria travesía fue informada también
al Grand Mât, Presidente de la Amicale Internationale Cap-Horniers, A.I.C.H.
El contacto permanente y
protagónico del subscrito – como único Cap Hornier a bordo – con la dotación
del buque, cadetes y trainees, permitió dar a conocer el dinamismo y la
presencia de nuestra Cofradía en todo lo que guarda relación con el Cabo de
Hornos, dejando de manifiesto la plena soberanía de Chile sobre aquel mítico e
imponente peñón que cautiva la imaginación de los hombres de mar de todas las
naciones.
En
un viejo velero, a la entrada de la cámara del Capitán, había una leyenda
que decía:
La
Palabra del Capitán es Ley.
Navega
en el mar y aprenderás a rezar
Valparaíso,
Septiembre 2001.