La última vuelta de la PRIWALL
 

Autor : Capitán Hans Peter Jürgens 
Traducción libre del C.A. Roberto Benavente M.
[english version]

LA ÚLTIMA VUELTA DE LA PRIWALL POR EL CABO DE HORNOS
Yo nací en Cuxhaven, un pueblo bien conocido situado en la boca del Elba, donde el tráfico por el río hacia Hamburgo se encuentra con el tormentoso Mar del Norte.

Este pequeño pueblo sirvió desde los comienzos del siglo XX como el primer puerto de desembarco de pasajeros de los grandes transatlánticos que cruzaban el Atlántico, y fue el puerto base de una numerosa flota de remolcadores de todos los tamaños. El intenso tráfico de buques es aún hoy día normal y no es de extrañarse que jóvenes y no tan jóvenes sueñen con el mar más allá del horizonte.

¡Así lo hice yo! No fue extraño, siendo mi padre un Capitán de Alta Mar, forcé mi destino para ser marino. Sus conexiones hicieron posible asegurar un cupo para mí en la barca de cuatro palos PRIWALL, uno de los grandes “Cap Horniers” aún administrador por la “Flying P-Line de F. Laeisz y Cía.

Al dejar Hamburgo el 16 de Mayo de 1939 en un largo viaje a la costa occidental de Sudamérica, ninguno de los jóvenes tripulantes imaginó que este era el comienzo del último viaje tormentoso alrededor del Temido Cabo, un camino difícil de Este a Weste en el Invierno del hemisferio Sur en un velero grande y que ese viaje duraría siete años para la mayor parte de los tripulantes.

Habiendo dejado Hamburgo como un niño de 15 años, regresé como un hombre de 22 que había soportado extrañas y diferentes experiencias de todas clases por un largo tiempo. Pero en la PRIWALL tuve que aprender unas cuantas cosas que nunca olvidaré.

El inicio del viaje me pareció como el comienzo de una gran aventura. Todo lo que nos rodeaba era desconocido. La altura de los mástiles con las enormes vergas de acero parecían demasiado pesadas para mantener el buque adrizado y yo me preguntaba si el objeto de tantos cables y jarcias se mantendrían como un secreto para mí. Había muchos cabos sueltos en un velero después que la carga hubo finalizado como para mantener a un niño permanentemente ocupado.

Mientras la tripulación aclaraba la cubierta, el SIMSON remolcaba a la PRIWALL aguas abajo para largar el remolque al llegar a la Bahía Alemana. Los tripulantes experimentados, que habían navegado previamente en uno o dos viajes, cazaron las velas de modo que en corto tiempo el buque procedía con viento favorable el inicio de su largo viaje.

De acuerdo con una antigua tradición, el primero y el segundo piloto elegían alternadamente a los integrantes de sus guardias. Luego se impuso la rutina y los más jóvenes fuimos asignados a trabajos especiales por el Capitán o los marineros antiguos.

Tomó algún tiempo hasta que me acostumbré a los cambios de guardia y a mantenerme despierto en aquellas duras guardias a medianoche o a levantarme a las cuatro de la mañana. Pero recordaba que estaba allí por mi propia voluntad y olvidaba sentirme más cansado que los otros jóvenes tripulantes.

En el tiempo debido llegamos al Canal Inglés donde encontramos la neblina normal y las calmas esperándonos. Siendo un velero sin motor teníamos que fondear en una posición muy desfavorable, cerca de las angosturas, a corta distancia de Dungeness, mientras los buques a vapor pasaban a nuestro costado. Un buque danés evitó una colisión justo a tiempo, con gran suerte y arduas maniobras.

Yo nunca olvidaré cuando subí a lo más alto del mástil, bajo la penetrante mirada de un marinero antiguo. Darse vuelta arriba fue la peor parte de esto, pero logré superarlo sin grandes dificultades y pronto me sentí como en casa estando en el tope del mástil. El angosto casco del buque (así me pareció a mí) y la maravillosa visibilidad alrededor del horizonte, mucho más distante que la normal, genera una emoción que recuerdo como si fuese ayer. Eso, unido al trabajo arreglando la caballería o el aparejo nos permitía observar por largo tiempo el juego de los delfines alrededor del buque en una brillante puesta de sol.

Los días se pasaban cumpliendo lo que cada buque requiere, ya que la preservación del material en uso nunca termina: el cambio de velas, jarcias y gazas, a lo que se agregan las necesidades propias del buque, toma el tiempo disponible de cada tripulante durante su guardia. Un día cazamos un formidable tiburón que había seguido al buque por muchas millas hasta que mordió el anzuelo con un trozo de carne salada descompuesta Tomó un buen tiempo colocar esta bestia de casi 2,5 metros de largo en cubierta. Una vez muerto, lo que tomó algún tiempo, su carne fue bienvenida a la cena compensando nuestras escasas raciones de alimento en conserva. Lo mismo sucedió cuando capturamos un delfín que fue harponeado por el primer oficial desde el bauprés. Como jóvenes, estábamos con hambre todo el tiempo.

Por último, llegó el gran día en que cruzamos la Línea Ecuatorial. Nosotros, los más jóvenes en este primer viaje, oíamos con encontrados sentimientos las horribles historias sobre lo que nos podía suceder como principiantes. No sólo que seríamos barridos del sucio Hemisferio Norte sino que, mucho peor, los más antiguos podrían, como parte de nuestra preparación para ser marineros, dar un trato a nuestras negras almas que no olvidaríamos por el resto de nuestras vidas. En pocas palabras, todos los que iban a ser bautizados viviríamos aún para ver otro día, pero tomó un buen tiempo librarnos de la brea y de la pintura por todo el cuerpo. Mirando hacia atrás, todo eso fue una divertida interrupción de los monótonos días de trabajo de un largo viaje.

En la misma área nos encontramos, seguramente por última vez, con un antiguo velero sin motor, que resultó ser la barca finlandesa de cuatro palos LAWHILL en viaje de Australia a un puerto del norte de Europa con un completo cargamento de granos. Después de muchos largos días tuvimos la confirmación de que no estábamos solos en este cristalino océano y para asegurarnos de esto al día siguiente nos cruzamos con el gran buque de línea CAP ARCONA, que dio varias vueltas alrededor del casi detenido PRIWALL: un verdadero espectáculo para sus pasajeros.

Frente a las costas de Argentina se hizo presente el viento pampero durante las últimas horas de la tarde, el que no causó daño debido a que tan pronto nos percatamos de su proximidad tuvimos tiempo para reducir las velas altas. Fue un duro trabajo envergar las viejas y usadas velas de mal tiempo y tomar todas las precauciones necesarias a medida que nos acercábamos a la región de los “Cuarenta Bramadores”.

Lo más necesario en esas latitudes para seguridad de la dotación que transitaba por la cubierta inundada, eran los guardamancebos y las redes guarnidas sobre las amuras, entre los obenques, y en ciertos puntos peligrosos. A bordo de los buques alemanes estas redes eran llamadas “Leichennetze” o “Redes de Cadáveres”. Se tomaron todas las precauciones necesarias para la seguridad de la dotación y las semanas por venir demostraron que eso era muy necesario.

A mediados de Julio pasamos los 50° de latitud Sur. Recuerdo que ese día el buque rolaba pesadamente en un mar agitado y con un fuerte viento del norte. El primer oficial me preguntó si podía ver la negra nube por la proa a lo que después de un momento él mismo se contestó: “Esa es la Isla de los Estados – la puerta del Infierno”. El Capitán decía que Dios creó el Cabo de Hornos y el área circundante en un momento de ira. Pronto comprendí que la opinión de ambos era completamente correcta. 

El Capitán prefirió pasar por el Este de la Isla de los Estados y ahora sé que su decisión fue la correcta. Después de un par de horas partió una severa ventolera del Oeste, que duró tres semanas. Parecía que el Cabo de Hornos mostraba su mal carácter al extremo de terminar un período de 300 años con el último viaje de un buque mercante a la vela hacia el weste. En éste, el más austral de los inviernos, toda preocupación giraba alrededor de los vientos, el que dejaba a los hombres sin aliento al reducir las velas en las vergas mientras el mar inundaba la nave desde la proa hasta la popa. Las dolorosas y sangrientas llagas en las coyunturas de los dedos y manos, como también en el cuello, no tenían posibilidad alguna de sanar por el permanente trabajo en cubierta y en la arboladura.

Con el viento aumentando hasta alcanzar la fuerza de un huracán cruzamos el Cabo de Hornos, el 21 de Julio de 1939. Sobre las cubiertas, permanentemente inundadas, bajo chubascos de granizo y nieve, los cansados hombres, helados hasta los huesos, llevaban a cabo el trabajo necesario y acechaban durante horas en las vergas cubiertas de hielo para aferrar las velas casi congeladas cuando era necesario. Aunque ambas guardias estaban permanentemente en acción, se perdieron varias velas. Después de un corto y profundo descanso, la guardia de guardia, y muchas veces los hombres de la guardia franca, debían levantarse para luchar contra la mar y el viento.

Después de tres semanas de constante tormenta, humedad, frío y cansancio hasta quedar exhaustos habíamos pasado la zona tormentosa. Uno de los más duros capítulos en la historia marítima, que se inició en 1616 con William Schouten en su buque EENDRACHT, había llegado a su fin después de 300 años con el último cruce del Cabo de Hornos por un buque mercante a la vela por el camino difícil: de Este a Weste, en el invierno austral.

Cuando el viento y la mar decrecieron, encontramos que la verga alta del trinquete estaba parcialmente quebrada. Esta fue reemplazada en el primer puerto de recalada en Chile, Corral, por la verga alta del mesana. Sin duda que era una tarea difícil transportar una verga de casi tres toneladas de peso desde la popa pasándola sobre la cubierta del puente hacia el trinquete, pero lo anterior era necesario para maniobrar con seguridad.

Cuando la PRIWALL arribó a Valparaíso, el 3 de Septiembre de 1939, para descargar la última carga después del puerto intermedio de Talcahuano, la guerra había comenzado, condenando el buque y a los miembros más jóvenes de la dotación a una larga permanencia en Valparaíso, mientras que el grueso de la tripulación fue transferido a diferentes buques a vapor alemanes que estaban por zarpar. La visita para nosotros duró dos años más, cuando la vieja PRIWALL fue transferida a la Armada de Chile para iniciar una nueva vida bajo el nombre de LAUTARO. El buque terminó su vida después de un incendio con pérdida de vidas frente a las costas del Perú.

Nosotros, los últimos miembros de la dotación, fuimos transbordados a dos buques a vapor que iban a Japón y a Alemania tratando de burlar el bloqueo de los ingleses. Yo me encontré a bordo del (en aquel tiempo) famoso ERLANGEN, que a comienzos de la guerra había llegado a Chile con una tripulación china, navegando en parte a la vela y también quemando leña cortada por ellos mismos (en las islas Auckland) Pero esa será otra historia…

Analizando el significado del entrenamiento en veleros y después de una larga vida en el mar ocupando todos los cargos y grados, he llegado a la conclusión que éste desarrolla e incrementa la capacidad de actuar con claridad de juicio, que en otros ámbitos raramente puede producirse. Uno crece para ser llegar a ser un hombre cuando las exigencias van más allá de los límites de sus capacidades y poderes mentales de resistencia, de modo que pronto se da cuenta que con cualquier desafío es capaz de realizar nuevos esfuerzos. Más tarde he venido a comprender que aquella experiencia que viví a bordo de la PRIWALL tenía su propio mérito, que no se aprende en cualquier parte.

Con respecto a la PRIWALL puede decirse, en general, que era un buque fuerte, pero no muy rápido, que necesitaba bastante viento. Su máxima velocidad no era mucho más de 14 nudos cuando estaba cargado. El buque era pesado y su comportamiento parecía siempre diferente a otros veleros del mismo tamaño.

Pero, por otra parte, demostró sus mejores condiciones veleras cuando cumplió el viaje de Hamburgo a Puerto Victoria, Canadá, en 1933/34 en el extraordinario tiempo de 65 días (Capitán Claus) – el mejor tiempo para un clíper y el mejor tiempo para una barca pesada de cuatro palos. Pocos años más tarde, en 1938, la PRIWALL cruzó el Cabo de Hornos en el menor tiempo jamás igualado - cinco días y catorce horas- desde 50° Sur en el Atlántico a 50° Sur en el Pacífico, al mando del capitán Hauth.

Notas al pie
El ERLANGEN fue capturado en el Atlántico Sur por un crucero británico. El Capitán Jürgens fue prisionero de guerra, primero en Sierra Leona, luego en Escocia y finalmente en Canadá, regresando a Alemania después de una ausencia de siete años. Allí retomó su educación y alcanzó el grado de Capitán en la Compañía Hanseática de Bremen. Por casi 30 años, iniciándose en 1960, el Capitán Jürgens sirvió como Práctico en Kiel, el puerto del Báltico.

Nota del Traductor
El Capitán Jürgens es un destacado marinista, ampliamente conocido en Alemania y en Europa.

Periódicamente realiza exposiciones en Kiel, donde tiene su residencia. Fue presidente de la A.I.C.H desde el año 2001 hasta el 2003, cuando finalizó la organización internacional, y le correspondió cerrar definitivamente las actividades de la Sección Alemania el 15 de Septiembre del 2004.

Capitán Jürgens

Valparaíso, Octubre 2007.