DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA SECCIÓN A.I.C.H. DE ALEMANIA, CAPITÁN SR. HANS PETER JÜRGENS,
AL CLAUSURAR DEFINITIVAMENTE LA PARTICIPACIÓN INTERNACIONAL DE LOS CAP HORNIERS ALEMANES

Traducción del C.A. Sr. Pablo Wunderlich Piderit

Hamburgo, Septiembre 15, 2004.

CapitanJurgensMuy estimado Sr. Senador, queridas Palomas del Cabo, estimados miembros honorarios y camaradas “Cap Horniers”:

Es para mí un deber y un honor saludarlos en nuestro último almuerzo común y en la simultáneamente necesaria disolución de nuestra Unión de Amistad.

Cuando en 1954 nos fue permitido estrechar la mano que nos extendieron nuestros camaradas franceses, se extendía sobre Alemania el oprobio político, que fue superado por la unión generada por los que sufrieron las mismas experiencias, propias de una sufrida profesión.

Frente a aquel elevado y cordial gesto de amistad, las apreciaciones oportunistas de aquella época fueron relegadas al nivel de las bajas y grises zonas del comportamiento humano.

Esta inolvidable actitud de nuestros ya disueltos caphorniers franceses constituirá para nosotros, últimos caphorniers alemanes, el deber de transmitir hacia el futuro los que alguna vez fueron los elevados valores de la camaradería marinera.

Porque, queridos camaradas, todos tenemos muy en cuenta que las experiencias de la era final de los veleros entrarán junto con nosotros al olvido.

El desarrollo actual en todos los ámbitos marítimos, con siempre nuevas necesidades y trasformaciones, tampoco se ha detenido ante la profesión del marino. Por esta razón, cualquier intento de comparación con el mundo de experiencias de nuestra generación en extinción, queda petrificado en su comienzo.

Nosotros llevamos a cabo nuestra profesión con todos sus altibajos con la alegría, que dan sentido a todos los esfuerzos y sacrificios. Por esto parece apropiado revivir nuevamente ante nuestros ojos el desarrollo y las experiencias del cuadro de nuestra profesión marinera.

PampaJurgens_AltaResEn relación con lo anterior, una cita de nuestro albatros-honorario, Alan Villiers:
“Los alemanes entraron tardíamente en el track mundial de los grandes veleros. Pero, la falta de experiencia que pudieron haber tenido al principio, la superaron ampliamente con su meticulosidad y con un estudiado enfrentamiento de los problemas. Por lo demás, eran extraordinariamente buenos navegantes costeros, que habían surcado el Báltico, el Mar del Norte y las aguas circundantes con sus sólidos y muy marineros buques.

Todo dependía de los hombres y esto ellos lo sabían. Los capitanes tenían la obligación de informar sobre cada hombre; cada hombre era importante…

Una de las razones para la buena moral de trabajo y de la elevada capacidad de trabajo de los veleros alemanes y escandinavos fue que, contrariamente a lo que sucedía a bordo de los buques ingleses, en los alemanes y escandinavos no había diferencias sociales y que en estos el buen trabajo era reconocido.

¿Cómo era entonces la vida y qué exigencias les fueron impuestas a esta generación de los marinos más antiguos, que fueron reconocidas por otras naciones marítimas y que les permitió a menudo encontrar empleo como capitán o ser aceptado como apreciado socio en otras dirigentes funciones marítimas?.

Seguramente, las respuestas son muchas y variadas; pero en el fondo, se pueden encontrar en el para Alemania típico cuadro profesional.

Cuando las grandes naciones marítimas ya habían explorado los océanos durante muchas generaciones, los jóvenes marinos alemanes provenientes de las costas del Mar del Norte y del Báltico aprendieron su oficio bajo las más difíciles condiciones impuestas por las rápidamente cambiantes condiciones meteorológicas del Norte europeo, las que exigían de los hombres que tripulaban los pequeños buques, el máximo de pericia marinera. En empresas familiares que mantenían escasamente dotadas tripulaciones, el joven principiante de profesional se transformó rápidamente en un pensante marino con ideas propias, para quien el vital sentido del deber le fue un principio natural.

Durante mucho tiempo, el rudo camino de aprendizaje a bordo de las pequeñas galeazas, goletas y bergantines permaneció sin cambios. Los retoños marineros habían brotado exclusivamente en la costa o ya había encontrado el enlace profesional al interior de la familia. Si el joven marino se sentía atraído por los grandes viajes y tenía en mente emprender carrera como oficial hasta capitán, penetró en un ambiente de marinos mayores que se habían introducido en su profesión con la misma instrucción y con el mismo concepto del servicio. La moral de trabajo extendida tanto a bordo de los veleros y más tarde en los buques a vapor, estaba impresa por este ambiente y fue transmitida de una generación a otra.

Las condiciones eran comparables en todos los estados noreuropeos. Cuando al final del siglo 19 Inglaterra se volcó hacia la navegación a vapor, comenzó un cambio perdurable, al disminuir rápidamente el número de buques que dependían del viento.

HamburgoJurgens_AltaResEn contraposición del requisito de un tiempo de navegación en veleros para el ingreso a las escuelas de navegación que regía en Alemania y en los países escandinavos, en Inglaterra este requisito fue suprimido por completo.

Pero las diferencias fueron más profundas. Persistieron durante todo el tiempo en el que los buques alemanes estaban tripulados por marinos alemanes.

Con los cambios sociales surgidos en Inglaterra en el marco de la industrialización, en ese país comenzó en la fase de instrucción, contrariamente a lo que sucedía en Alemania y en los países escandinavos, una clara separación de clase entre los grados de tripulación y los renuevos de oficiales que ingresaban a la profesión.

En cambio, a bordo de los buques alemanes, los candidatos en instrucción formaban parte de la tripulación. Terminaban sus requisitos de tiempo de navegación para obtener sus patentes de navegación como oficiales, sirviendo, la mayor parte, como marineros a bordo de buques a vapor.

Esta última forma de instrucción era, sin duda, mucho más completa y seguramente impidió, en beneficio del desarrollo del trabajo, una ruptura social entre los miembros de la tripulación de un buque. En el servicio a bordo normal alemán, la estructura jerárquica no sufrió tanto como en los climas de tensión de cuño anglosajón existentes en los buques ingleses durante muchas generaciones.

Otro factor determinante de diferencias y de desarrollo, fueron las homogéneas tripulaciones de los buques alemanes compuestas, en su mayoría, por ciudadanos alemanes. Algunos escandinavos, especialmente daneses, se integraron sin problemas, en las tripulaciones alemanas.

En contraste, como resultado de la expansión de la esfera de influencia inglesa a nivel mundial y dependiendo de la zona geográfica en que navegaban, las tripulaciones de los buques ingleses estaban formadas por una colorida mezcla de razas y nacionalidades, que condujo a un mayor aislamiento entre las diferentes etnias y los oficiales. Está a la vista que el desempeño de una tripulación de este tipo no logra la eficiencia de otra formada por un grupo homogéneo, de la misma raza, nacionalidad, religión e idioma imbuida de un propósito laboral común. Estas dificultades se incrementaban más con los distintos problemas de alimentación que surgían, especialmente, a bordo de los veleros, que dependían de la cantidad, calidad y variedad de los víveres secos disponibles a bordo. Esta circunstancia exigía una alta dosis de buena voluntad tanto de los capitanes como de los armadores. Las dificultades aumentaban con la posibilidad o imposibilidad de adquirir víveres frescos en el extranjero. Conocidas características nacionales impulsaron a los marineros experimentados a evitar contratarse a bordo de buques de ciertas banderas.

ValpoJurgens_AltaResLa navegación a vela que abarcaba el mundo entero, cuya decadencia se vislumbró con la apertura del Canal de Suez, encontró su abrupto final con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Después de la guerra, a algunos armadores alemanes les resulto el intento de hacer renacer el empleo de veleros en determinados sectores. En la línea alrededor del Cabo de Hornos, transportando cargas masivas, encontraron, de partida, un área de libre competencia. Sin embargo, estos buques que circunnavegaban el Cabo de Hornos no podían ofrecer a los jóvenes marineros un futuro profesional. Esto hace surgir la pregunta: ¿Cuál fue el o los motivos que los impulsaron a asumir la dura vida a bordo de los grandes veleros exigentes en un intensivo y peligroso trabajo personal? Es posible que la sensación que crea la vista de un buque grande, navegando a todo trapo, tenga algo que ver con un sentimiento natural que deriva de la historia del desarrollo del hombre. Seguramente, la profesión del marino dependiente del viento tenía en el fondo, una dependencia elemental, que no podía ser alcanzada por ningún otro oficio. Las dependencias de los artesanos y agricultores, sin considerar las innumerables profesiones técnicas, están lejos de igualar la experiencia natural de un marino de la era de los grandes veleros. Era por supuesto que un candidato de aquel entonces – que en esta forma se insertaba en una época pasada – y que aspiraba a llenar los requisitos exigidos para obtener la patente de capitán, tenía que cumplir previamente un tiempo legal de dos años a bordo de un velero. Si tenía suerte, los podía cumplir en la forma más completa a bordo de un velero grande, una barca o una fragata. Pero esto no explica porqué, a pesar de las mojadas, frío, temporales, además de los muchos peligros y de los, en parte, detestables y degradantes víveres secos, se mostraba listo para continuar, después de los dos años legalmente obligatorios, emprender nuevos viajes a bordo de las reliquias de una época pasada. Tienen que haber sido necesidades ancestrales de la vida humana que, con sus fuerzas creadas en la más que milenaria historia de la navegación a vela, crecieron con los a penas alterados principios de la dominación del viento. Dicho en pocas palabras: Entre la convivencia con la naturaleza y la voluntad de dominarla, tiene que existir una conexión emocional. Naturalmente, esta no es y no fue el resorte que impulsó el comercio; pero, sin quererlo, aparece el pensamiento en un instinto humano ancestral, que ahora está superpuesto en nuestro superpoblado mundo. En este contexto, el marino de nuestros días, rodeado por la más moderna técnica y exigido por ella, seguramente no es una excepción.

El recuerdo de los hombres y de los veleros de su juventud permanece vivo en sus últimos tripulantes, los “Caphorniers”. Nosotros, viejos caballeros, aun no hemos quedado “claros a popa” de nuestros veleros y las tradiciones de aquella época tienen una resonancia mítica. Pero los usos y costumbres marineros que hemos adoptado en la actualidad también tienen sus raíces en la navegación a vela. La muchas veces milenaria historia de un medio de comunicación de la humanidad como también de una profesión que abarca el mismo espacio de tiempo, no pueden ser desplazados de nuestra conciencia por efecto del abrupto final.

La capacidad de aventura del tripulante de velero no tenía límites y su independencia sólo estaba limitada por las vicisitudes de la naturaleza.

Como epílogo dedicado al los veleros pertenecientes al pasado, sirvan las palabras de un conocido marino alemán, el ya fallecido camarada Caphornier Ernst Alexander Römer (cita): “El destino del velero es tan único como su ser. Tiene que valer como un hito prehistórico de una etapa de desarrollo, en la cual el hombre creó en forma primitiva. Su desarrollo no tiene la cumbre al centro, sino a final de su historia. El gran velero oceánico quedó en el camino, no porque tanto él como su tripulación se hubieran degenerado y corrompido, sino porque cayó en el punto más alto de su desarrollo, ante el embate de la máquina”.

Esta expresión quede hoy como palabra final de una pasada época marinera.

Hans Meter Jürgens
Ultimo Presidente A.I.C.H. ALEMANIA